martes, 19 de marzo de 2013

ATOMOXETINA DEL MAL

Bailo todos los días, excepto el jueves porque tengo deportes en la escuela. También estoy pudriéndome y bajando el consumo calórico porque cuando alguien que en serio aprecio se empieza a introducir en este mundo, me jodo y amenazo; "sí lo haces, yo lo hago". Un simple engaño muy bien disfrazado de amor que en realidad no es más que un desafío enfermizo que dice más o menos así; "ni lo intentes, voy a ser más delgada que tú, lo quieras o no".
He dejado el antidepresivo y no sé si exagero o todas esas ideas del año pasado vuelven a mí. Esa especie de desesperanza, de no encontrarle sentido a la vida, de no tener una visión clara de la realidad. Las pastillas para dormir aún las tomo porque es de suma importancia que mantenga mis calificaciones altas y para eso necesito dormir aunque me tambaleé de letargo a las nueve treinta de la noche o me acueste con las gallinas. También sigo tomando el medicamento para mi deficit atencional que, posiblemente, funciona. Siento que entiendo más las cosas que me pasan en física, que se me da horrible, y algunos ejercicios que no solía entender en matemáticas, como las funciones. Por otro lado, sé de algunos de los muchos horribles efectos adversos de este medicamento, como por ejemplo la aparición de episodios depresivos severos o el aumento del riesgo del pensamiento y acciones suicidas, exactamente lo que me ha estado pasando, pero no quiero entrar en detalles acerca de eso. Son crisis tan ínfimas y tan potentes sobre mí, pero que no valen la pena contar por lo estúpidas que son, quiero decir, dejan una marca increíble y el efecto es realmente grande, pero su contenido no tiene nada de cuerdo, no tiene explicación, de hecho, pareciera sacado de una película dramática de última categoría, algo no muy lindo de ver. Lo peor es que he hecho que sólo una persona me los aguante... vaya corazón de oro que me he topado por ahí.

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