Circo desastroso, horrible y a mal traer, con telas rotas, mugrosas e insignificantes, poco dinero, artistas de pacotilla paga tu vida entera, puesto que así lo ves tu, no queda mas remedio que creer en el hablante y renegarse a las palabras ajenas.
Te preguntas porque tanta desgracia, porque tanta pena, pues la respuesta esta en que tu trapecista, el de la cuerda floja y todo lo que se eleva no tiene donde caer mas que una simple red arruinada, con eso no basta. Cuando resbalan o desequilibran, ellos no llegan a morir, no llegan a sentir, dejan de ser sentimientos y en el viento, con el rose, sufren lentamente como mil cuchillas en el cuerpo y luego se desvanecen.
La cordial bienvenida a lo nuevo esta cerrado, las entradas y la boletería cerrada, los negocios de comida y las luces no existen excepto por una ampolleta, la que alumbra a los artistas, sobre todo a una pequeña trapecista, nadie los nota, nadie los ve porque el circo no paga publicidad. Las moscas no van, las ratas tampoco porque es tan despreciable el ambiente creado que da vergüenza tan solo espectarlo con los ojos. Existen asientos quebrados, ya no hay apoyo. El circo tenia un dueño, su nombre era particular, se llamaba tú.
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