miércoles, 3 de febrero de 2010

La historia de su pequeño silencio. II

¿Y eso? – No le reconocía la voz. Peter solo reacciono a taparse el rostro y luego cerró sus ojos oscuros – Lo siento – Le levanto la cabeza con un par de dedos y le sonrío con un toque de disculpa en sus ojos. No reaccionaba a hacer nada, solo miraba su cara iluminada y atrás de él brillaba de blanco el cielo nublado, era trágico como un sueño, pero para no darle mas vuelta se conformaba con solo decirle juego, el maravilloso juego llamado Eliot.
Una gota callo sobre su nariz, la bien perfilada nariz de Eliot, se agacho y le soltó la cara a Peter, se limpio la gota con un dedo que luego poso sobre la nariz del pequeño y sonrío junto a una risa tan linda y tierna que le causo un cosquilleo en el estomago a Peter, luego también se río y no entendía que estaban haciendo, tampoco que iba a seguir, pero necesitaba gritarle, pero con una nota se conformaba, realizando la rutinaria actividad de siempre, saco su libreta y le pregunto en escrito “¿Qué es esto?”. Sin dar una respuesta el joven se fue bajando la mirada, todo porque una vocecita de niño dulce e irresistible a los actos le llamaba diciendo “Eliot, Eliot”.
Sin tardar mas de diez segundo en entristecer su boca y sus ojos, se levanto y se fue con la cabeza mirando el piso, junto una tenue canción que le sonaba en la cabeza quería llorar, pero… ¿Por qué? La pregunta del millón. No le conocía, apenas sabia que tenia veinte años, no estudiaba, no hacia nada, era prácticamente un vago que vivía del dinero de su familia y lo otro que conocía sobre el era de su carisma totalmente visible, también sin preguntarle sabia que tenia algo con alguien igual a el, del mismo sexo, un poco mas joven y que por el momento le estaba partiendo el corazón a Peter, el mismo, sin darse cuenta.
Contando los azulejos del baño, triste, enojado, furioso estaba sentado Peter en el suelo y es que no sabia que hacer, no podía contar con nadie, porque nadie le podía escuchar, ni siquiera su amiga Bárbara. Algo le pasaba con ese tipo, por alguna razón su corazón le dolía y tenia odio, mucho odio contra esos labios rosa pálido, esas mejilla sonrosadas, esos ojos grandes y radiantes de color bien definido y profundo, de esas facciones preciosas que tocaban la delicia externa de Eliot, pobre inexperto ¿Qué te estaba pasando? ¿Entiéndelo? Y nada más que agregarle al tema, solo una gotita azucarada con soledad que caía por su mejilla colorada.
Sin panoramas, después de una noche afligida no recibía nada, no daba nada, no pedía nada y no contaba con ello. Solito, se decía sin sonido y derepente una tocada impresionante de puerta rompió su serenidad, exaltando hasta sus bellos mas cortos, temblando cada una de sus partes se levanto de su sitio y abrió la puerta principal que estaba a solo pasos. Con ojos bien abiertos, dos desconocidos, junto a su amiga y el chico de aspecto dulce le visitaban. Temblaba y no podía ni siquiera abrir la boca, solo miraba mientras recibía la misma cara desde arriba de el, ese perfecto e inesperado chico estaba intimidándolo, le dolía el pecho y se quedo mas tieso aun.
Peter – le abrazo su amiga – siento venir así como así, pero quería que salieras conmigo y… estos amigos… - le miro con desempeño pero asintió con la cabeza y observo la ropa de los amigos de Bárbara, luego su propia ropa, un desastre. Se mordió el labio y notoriamente todos sabían lo que pensaba el pequeño, su amiga rió y lo tiro del brazo hacia donde estaba su habitación, ya que conocía la casa como la palma de su mano – tienes cosas mejores, vamos y ustedes, no lo se, esperen – miro hacia atrás luego de decir aquello.
Montones de ropa tirados por toda su habitación le tenían totalmente harta, hasta impreso en su cara. Todo negro, todo gris y alguna cosa blanca, todo tan oscuro y el solamente mirando, como si no tuviera manos para ayudar.
Mira, no tienes nada, ¡nada! – le miro frustrada – tenia ropa de colores por alguna parte, pero ya no la usas, Peter, dime donde esta… - la miro con cara de asustado, estaba como una loca, toda despeinada y con esa cara de furia total. No hubo mas remedio que ayudarle y sin ganas saco una bolsa negra desde arriba del armario, era muy grande y pesada, rápidamente la soltó.
¿Aquí? – Bárbara le sonrío – escribe, odio que solo asientas con la cabeza y lo sabes – Abrió la bolsa y un arco iris de telas de iluminaron la vida – Que linda, que linda, que linda… ¡no puedo esperar a ver lo precioso que te veras con ella!
Es pequeña – escribió en la libreta y se la paso en las manos a su amiga, la leyó y luego se la devolvió
Tu también lo eres – le dijo mirando ropa que sacaba como compulsiva – no te preocupes
No quiero parecer salchicha – le volvió a escribir y con el mismo método siguieron hasta que Bárbara quedo en silencio y con los ojos bien abiertos, luego volteo la cabeza hacia donde estaba Peter de una forma macabra. Un pantalón muy pequeño de color amarillo radiante posaba sobre las delicadas manos de la chica.
Póntelo, póntelo, póntelo, ¡PETER POR FAVOR! – insistía la chica, luego le tiro el pantalón al rostro. Con mala cara el pequeño se puso el pantalón, le quedaba entallado, como si lo hubieran diseñado solo para el – ¡te ves precioso! Quédatelo, quédatelo
Peter agarro la libreta y escribió un poco frustrado “no quiero, me veo como una chica”. Antes de pensar en sacarse el pantalón se coloco una camiseta blanca con estampado y se miro al espejo, pensó que no se veía tan mal, al contrario, se veía hasta lindo y luego bajo el rostro con la pena anterior, su amiga lo agarro por la cintura y lo abrazo.
¿si? – dijo con voz de llanto y el asintió molesto por dentro con la cabeza – colócate esos zapatos y sin peros – apunto un par intacto por el desorden y rió, después le beso la mejilla. Luego de vestirlo a su manera lo llevo a la sala de estar. Boquiabierto estaban los acompañantes, se veía totalmente encantador, tanto así que le aplaudieron como bobos, Peter solo se sonrojaba y movía débilmente los pies como si estuviera encerando el suelo – Les presento a mi mas dotado modelo, Peter – le sonreía al pequeño. Pasados cinco minutos caminando llegaron a una avenida, los árboles hacían una sobra espectacular y mas allá de la esquina, había un parque lleno de niños jugando y un pequeño grupo de personas mas grandes. El cielo estaba claro y el sol le molestaba los ojos, comenzó haciendo su propio toldo de manos, luego se le cansaban las manos, Bárbara lo miraba y se reía de su seño fruncido, lo tomo por la cintura y apoyó su cabeza en su hombro.
Tonto – coloco su mano libre en su bolsillo, luego su bolso y realizaba maniobras con los cierres y lo que llevaba dentro, el la miro un poco enfadado – toma, toma, toma – le hizo frenar y le coloco una gafas oscuras muy lindas – me las devuelves o te mato
Llegaron al grupo de personas del parque, la vergüenza por alguna razón empezó a comerse el estomago de Peter, veía nuevamente a Eliot, se sentía estúpido, así que se quito las gafas y se las devolvió a Bárbara, luego se arreglo con las manos el cabello y no podía esconderse, se sentía rojo por todos lados, el corazón le temblaba de una forma extraña y aun seguía esa pregunta del millón por su cabeza, solo cerro los ojos y le agarro la mano a su amiga, la apretó, ella avanzaba mientras lo movía hacia donde iba. Sin abrir mucho los ojos aun seguía avanzando hasta detenerse, ahí abrió los ojos ¡¿Por qué justamente al lado de Eliot?! Se protegía con la chica. La mirada de Eliot chocaba con el aura de Peter y ponía la cabeza gacha, cuando ya no se sentía acosado, lo miraba a el, un poco asustado y nervioso, ¡LO QUE MENOS QUERIA ERA CHOCAR CON SUS OJOS! Los dos se dieron cuenta de que se perseguían y desafortunadamente chocaron. Eliot puso un rostro asustado y un poco avergonzado con un toque de malicia, miro para su otro lado encontrándose con su pequeño novio, ese chico dulce. Lo beso como si no hubiera mañana y Peter solo miraba y con la barrera de su amiga protegía la expresión de su rostro, quedo boquiabierto y cerro los ojos, luego movió la cabeza mirando hacia abajo, el corazón se le apretó y no volvió a mirar mas.

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